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A FAVOR: CONDENA RECÍPROCA

ARTÍCULO DEL 13 DE DICIEMBRE DE 2025

La justicia es la herramienta más sagrada de la democracia y, a su vez, un arma de doble filo. Puede causar problemas a personas o instituciones cuando se formulan denuncias falsas. El mayor porcentaje de estas proviene de ciudadanos que pretenden estafar al seguro con denuncias por hurto de su vehículo con el objetivo de cobrar la indemnización de su póliza. También suelen provenir de temas como violencia de género, del ámbito familiar y por intentos de evadir delitos contra la seguridad vial.

El promedio de sentencias condenatorias por denuncia falsa en las últimas dos décadas es de aproximadamente 0,0084% del total de denuncias, según la Fiscalía General del Estado. Esto demuestra que el delito por denuncia falsa tiene una tasa de condena muy baja. Para revertir esto sería necesario reprimir a los falsos denunciantes de una manera más dura; la justicia no se trata de solucionar solo un problema, sino de tomar las medidas necesarias para que no vuelva a suceder. Si no se consigue una concienciación social, muchas personas seguirán usando las falsas denuncias para librarse de condenas.

La Fiscalía mostró la baja cifra de procedimientos abiertos por denuncias falsas, con 257 en 2021, similar a la de 2020, con 256. Esto sigue reforzando la idea de que se debe luchar contra estas denuncias que pueden incluso dañar la dignidad de una persona, lo que conllevaría un delito aún mayor. Este es el ejemplo del futbolista Benjamin Mendy, acusado de múltiples cargos de violación y agresión sexual por varias mujeres en 2021 y que, entre 2022 y 2023, fue declarado no culpable. Tuvo un impacto en su carrera profesional, fue sancionado en su club y, a partir de ese momento, prácticamente ningún otro equipo quiso ficharle, afectando a su dignidad como persona por haber sido víctima de un injusto juicio social a causa de denuncias falsas.

El falso denunciante debería ser castigado con la misma sentencia que el denunciado recibiría si la denuncia fuese real. Es un abuso de poder hacia el Estado que debe ser castigado de cualquier manera con el fin de que no se repita de nuevo. En esencia, se asemeja al concepto de la Ley del Talión (Ojo por Ojo, Diente por Diente). Si el falso denunciante es capaz de robarle a otro su bien más preciado con el peso de la ley, la justicia debe equilibrar la balanza con una compensación recíproca del daño.

Es por ello que, finalmente, sostengo de manera firme que la única respuesta ética y verdaderamente disuasoria es la aplicación de la condena igual a la falsa: el mismo castigo impuesto al denunciado debe recaer sobre aquel que ha mentido al tribunal.

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