¿ES NECESARIO POSICIONARSE?
ARTÍCULO DEL 20 DE ENERO DE 2026
El otro día un amigo observó a una chica de Cataluña que le pareció atractiva, se giró y me dijo: “Es muy guapa, pero seguro que es independentista”. En ese momento, me cuestioné el porqué de la intervención política en ámbitos tan lejanos como el amor. He notado que en los últimos años la sociedad española ha tendido a dividirse a sí misma a raíz de la polarización de la política, que desgraciadamente se encuentra en todas partes, polarizando a su vez todo lo que pueda relacionarse con esta misma, incluso hasta lo irrelacionable.
Hoy en día, si eres del Barça es que eres de izquierdas y si eres del Madrid de derechas; si ves El Hormiguero eres de derechas y si ves La Revuelta de izquierdas; si te manifiestas por tus derechos eres de izquierdas y si vas a una corrida de toros de derechas.
Una opinión acerca de la política debe sostenerse en una base de argumentos, argumentos que se consiguen mediante la experiencia. Yo de eso no tengo mucho, pero lo poco que he vivido he visto a la sociedad ir polarizándose hasta llegar al punto de tener la afiliación política como una religión, un culto al que es necesario seguir hasta el final. Hay dos cuestiones que considero falacias y que creo que se deben de tratar. La primera es “Yo no opino, yo soy apolítico”. Esto es una incoherencia en sí misma ya que la política es un instrumento de organización social que fundamenta prácticamente todo el país; sin ella no habría educación, sanidad o seguridad. La segunda es “El centro no existe, o eres de derechas o eres de izquierdas”, lo cual me parece un sinsentido, ya que el centro sí puede llegar a existir, pero el problema es la gran división que ha provocado la política. Si yo proclamo estar de acuerdo con VOX en obligar a hablar español en el parlamento para facilitar la comunicación entre todos, soy de derechas. Si promulgo estar de acuerdo con el PSOE y no expulsar a todos los inmigrantes del país, soy de izquierdas. No puedo tener una idea sensata sin que se me tache de pertenecer a un partido o a otro.
Como dijo Winston Churchill, primer ministro de Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, “Es más importante conocer la opinión de tus enemigos que la de tus amigos”. Esto es algo que se ha perdido con el tiempo: el saber de los ideales de los partidos políticos contrarios. Generalizando, la mayoría de la población, pertenezcan a izquierdas o derechas, siguen a su partido como ovejas a un pastor, como si fuera una religión a la que hay que serle fiel, sin ser capaces de reconocer que a lo mejor el contrario sí tiene algo de razón en ciertas cosas. Esto se puede ejemplificar en el Parlamento, cuando hablan los políticos, ¿alguien ha oído decir en algún momento “Cierto, tiene usted razón y yo estoy equivocado”? Pues no, porque es algo impensable actualmente. Se trata de no hacer autocrítica y de echar en cara las cosas mediante el “Tú más” como los niños pequeños. Si entrásemos en este mismo instante en una Guerra Civil como la del 36, no habría dos bandos, habría cincuenta porque aquí cada quien iría a sus intereses y a la comunidad no le haría caso nadie.
No soy de izquierdas, pero considero que los inmigrantes que vienen a trabajar y aportar a la comunidad española son igual de importantes que un ciudadano nacido aquí y que hay algunos locales que no realizan ni la mitad de trabajo que los extranjeros. No soy de derechas, pero considero que se reivindica demasiado la instauración de una III República cuando esto no arreglaría prácticamente nada, ya que el problema son los políticos actuales, no la monarquía. Podría seguir poniendo ejemplos así, con cosas de la vida cotidiana en las que se decide, por algún estereotipo creado, a qué partido votas, como si fuera esto un juego de adivinanza. El ejercicio de reflexión anterior sobre si no soy de un partido u otro es para mostrar el limbo en el que se mantiene un votante sensato que no decide al azar o sin informarse bien, un votante que se niega a la etiqueta.
Para finalizar, a modo de último ejemplo, la polarización ha llegado a extremos en los que jóvenes piden la vuelta de Franco, edades desde los 12 años (donde se supone que todavía no han dado ni la prehistoria) hasta los 18, donde técnicamente ya deberían de haber estudiado algo de historia de España y saber que este dictador, porque fue un dictador y nadie lo eligió democráticamente, sumió al país en una grave crisis económica y lo encerró en una burbuja apartado de cualquier cosa que interfiriese en su mandato. Como consejo, leed y no desperdiciéis la clase de historia, pues está bien ampliar tu conocimiento para poder formar tu propia ideología, dejando de juzgar a las personas por todo e intentando adivinar su partido político favorito.
Despido esta sección con una pregunta: ¿Es realmente necesario posicionarse políticamente para decidir quién quieres ser, o es necesario decidir quién quieres ser para posicionarte políticamente?